Amores Encontrados (Capítulo 1 y 2)

DETRÁS DEL CRISTAL

José Manuel
Los vi besarse, mi hermana y Nando se besaban en aquella cafetería, lo vi todo detrás del cristal. Recuerdo que era muy tarde y la noche comenzaba a hacer lo suyo, el cielo se oscurecía y un viento -entre suave y fuerte- recorría aquel día.

Tuve muchas ganas de entrar y terminar aquella escena, pues era demasiado mi dolor y mi cabeza solo repetía la palabra traición, «ella te ha traicionado».

Miriam
Era mi hermano el que me veía afuera de la cafetería, su rostro notaba tristeza y furia, a lo mejor tuvo un mal día -pensé en ese momento- así que volví a casa para ver cómo se encontraba.

—Nando, mi hermano acaba de pasar, lo noté raro, iré a ver lo que sucede.
—Pero, Miriam, tenemos que hablar, creo yo.
—Sí, pero será más adelante, sabes que no hay nada más importante para mí que mi hermano.
—Déjame acompañarte. Es lo menos que puedo hacer por ti.
—Está bien. Vamos, Nando.

Todo el camino no pensaba en otra cosa que no fuera la carita de José Manuel. Solo pensaba en lo que le habría sucedido.

Nando
Ya me tenía cansado ese niño, siempre tiene problemas. Aunque era mi alumno, no podía evitar detestar a ese chiquillo. Si lo toleraba tanto era únicamente por Miriam, porque la amaba.

Miriam
Al llegar a casa. Mis padres no estaban, como siempre, otros viajes de negocios los tenían alejados de nosotros. La historia que siempre afectaba a Josema más que a mí.

Entramos a la casa, decidí que Nando me acompañara, como él se ofreció le pedí que me esperara a lo que conversaba con mi hermano.

—¿Josema, estas allí? —pregunté mientras tocaba la puerta de su habitación.
—¿Qué te importa? Vete, déjame tranquilo, no quiero ver a nadie —respondió mi pequeño hermano.
—Por favor, hermanito, quiero platicar contigo, te vi pasar por la cafetería, muy triste y no me equivoqué, estás llorando.
—¿Y eso a ti qué te importa?, ándate con tu noviecito.

—Déjame hablar con él —intervino Nando.
—¿Estás seguro?
—Sí, somos hombres, creo que habrá más confianza.
—Te esperaré en el salón, Nando. Ayuda a Josema, por favor.
—No te preocupes.

José Manuel
No lo podía creer, a Miriam no se le ocurrió peor idea que venir con Nando, y mandarlo a que me «consuele».

—José Manuel, soy Fernando, tu mae…
—Sí, yo sé bien quién es usted, ¿qué desea?, déjeme en paz usted también. Yo no lo he llamado.
—José Manuel, tu hermana está muy preocupada por ti, conversemos, por favor.
—¿Piensa ganar puntos con el hermano de su noviecita?
—No es eso, tú me preocupas y por eso estoy aquí —dijo Nando.

Esto me hizo entrar en razón, a lo mejor era verdad. Así que me paré de la cama y abrí la puerta. Y lo vi de pie. Nando, el hombre que tanto me gustaba y del que estaba estoy enamorado, el mismo que ahora se encontraba en la entrada de mi habitación.

—¿Qué sucede, José Manuel?, ¿por qué actúas así?
—No puedo decírselo.
—No me trates de usted, estoy aquí como un amigo, me gustaría saber lo que te ocurre.
—Yo… —tartamudié, yo no podía hablar, no podía decirle lo que sentía. Nando me miraba fijamente, cerró la puerta a la vez que ingresaba y se sentaba a un lado de mi cama.

—José Manuel, ¿discutiste con uno de tus compañeros?, ¿estás así por una chica?
—No, no me he peleado con nadie, y mucho menos estoy así por una mujer…son tan feas —¡Diablos! Lo que dije sonó muy mal. Y la cara de Nando lo dice todo.
—¡Lo sabía! Estas así por una chica. —Nando no hizo nada peor que reírse en mi cara. Me dio tanta rabia que entonces hice algo que nunca me imaginé hacer.

—Estoy así por ti, te amo —dije mientras acercaba mis labios lo suficientemente rápido como para besarlo.
—¿Qué rayos haces? —fue lo último que oí de Nando aquel día, lo último que dijo mientras de un empujón hizo que yo me diera un fuerte golpe contra el piso.

EN BUENA COMPAÑÍA

Miriam
Estaba muy preocupada por mi hermano. No habían pasado ni diez minutos y vi como Nando bajó por las escaleras, su rostro denotaba incomodidad. Así que le pregunté qué había sucedido.

—Nando, ¿Qué pasó? ¿Cómo está José Manuel?
—Emmm bien —respondió, esquivando mi mirada.
—¿Estás seguro?, tu cara dice todo lo contrario. ¿Qué te dijo mi hermano?
—Emmm sí, está así por una chica, ya se le pasará, será mejor que lo dejes tranquilo.

—¡Ay! ¡Mi hermanito! Nando, espérame, iré a despedirme de José Manuel. Ya regreso.
—Okey, te espero en el auto.

Yo confiaba en Nando, pero su expresión y lo pronto que bajó de la habitación de mi hermano me decía otra cosa. De tal modo que fui a despedirme de mi hermano; yo debía de volver al centro de la ciudad a realizar unas compras.

—Nando, soy Miriam. Voy a salir, ¿estás bien?
—Sí —me respondió, tajantemente.

—¿Seguro?, ¿deseas que te traiga algo? —pregunté muy preocupada.
—No, gracias. Solo déjame descansar y vete.
—Hermanito, ya vuelvo, tendremos una charla por la noche.

José Manuel
La tristeza que tenía era muy grande, había cometido una tontería, y bien merecido tuve el empujón que Nando me dio; aunque lo peor de todo era que al día siguiente le tenía que ver la cara. Pensé que lo mejor sería no ir, y decirle a mi hermana que me sentía muy mal.

Cerré los ojos y …

Pasó una hora y lo único en lo que pensaba era en Nando, en el sabor de sus labios. Caí en la realidad donde este ya sabe lo que siento por él. Pensaba en lo injusta que es la vida: mi hermana también está enamorada del mismo chico.

Me dejé perder entre mis pensamientos, cuando de pronto mi teléfono celular comenzó a sonar. Una llamada para variar, como si tuviera ganas de hablar con alguien.

Era Andrés, amigo de mi hermana, con quien llevaba algunos cursos en la universidad. Andrés tiene 25 años, siempre venía a nuestra casa, según él a visitar a Miriam, cosa que nunca le terminé de creer.

En muchas ocasiones este se me ha insinuado, creo que este chico «patea con los dos pies». Él era un chico guapo, alto y tiene un cuerpo bien trabajado, un cuerpo de gimnasio. En fin, no me gusta, yo quería a Nando. Y si le contesté el celular fue por mera educación.

—¿Aló? —pregunté como si no supiera quien llamaba.
—Hola Pepito, soy Andrés.
—Mi hermana no está, ¡y no soy Pepito! Ella salió hace poco para el centro con su nuevo enamoradito.
—Ya lo sé, acabo de hablar con ella, me pidió que me comunicara contigo.

—¿Así? —dije sorprendido.
—Sí, sí, sabes que te estimo mucho Pepito, perdón, José Manuel, estoy camino a tu casa, ¿deseas que te lleve algo?
—No, gracias.
—No importa, llevaré tu pizza favorita, unas bebidas y una película de esas que te gustan.

—… —No pude decir nada, realmente estaba impresionado, este chico me conocía muy bien. Era muy detallista conmigo.
—¿Alo? ¿Pepito estás allí?
—Sí, disculpa, te estaba escuchando, gracias por preocuparte por mí.
—No es nada, llegaré en veinte minutos.

—Te espero entonces, Andrés. —Colgué el teléfono, esta llamada me había tomado por sorpresa.

La llamada de Andrés había cambiado mis ánimos, así que me dispuse a darme una ducha, pero antes limpié un poco la casa. Hacía tiempo no tenía visitas y esta estaba abandonada.

Pasaron los veinte minutos y Andrés llegó en su auto rojo, un porche muy bonito.

—Pepito, tiempo sin verte, mira te traje pizza y refrescos —me dijo mientras me daba un abrazo, mientras me ahogaba con el aroma de ese perfume que siempre usaba, que se puede sentir a cientos de kilómetros.
—Gracias, chico, no te hubieras molestado.
—Lo hago con mucho gusto, Pepito. Tu hermana me llamó hace poco y me dijo que llegaría un poco tarde, iba a una fiesta con Nando.
—Okey.

La tristeza me había vuelto, estaba más que confirmado que Miriam andaba de novia con Nando. Andrés notó esto y solo atinó a darme un abrazo, como si él entendiera lo que me estaba pasando.

—Pepito, no estés triste. Veamos la película que alquilé para ti, mientras comemos tu pizza favorita.
—Gracias, Andrés, justo ahora que necesito alguien con quien conversar y estás tú aquí. Gracias de verdad.
—¿Estás enamorado de Nando?, ¿verdad? —La pregunta fue directa y sin escalas, sin preparación. Clara y concisa. Estoy seguro que mi cara era un poema.
—Emmm, ¿Qué dices? —respondí inmediatamente, haciendo notar mi indignación.

—Vamos, me di cuenta cuando te dije que tu hermana se iría con Nando. No te preocupes, no se los voy a decir.
—Miriam no lo sabe, solo él.
—¿En serio?, ¿cómo es que él lo sabe? ¿Le dijiste algo?
—Lo besé.
—Ah, okey. —El rostro de Andrés cambió de su tono normal a una pequeña tristeza.

Andrés
Lo que me contó José Manuel me cambió la expresión, no sabía que decirle. No podía ponerme triste, estaba allí para hacerlo sentir bien. De modo que, para cambiar de tema puse la película, serví la pizza y los refrescos; ahora ambos debíamos tranquilizar nuestros pensamientos.

 

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